domingo

Relato # 10

Despedida otoñal
Estoy comenzando mi nueva vida –la verdad, pienso esto cada vez que me mudo, lo he hecho ya tantas veces que me es imposible recordar donde viví por primera vez-. Esto siempre había ocasionado discusiones entre mi madre y yo, esta no seria la excepción.
Después de la habitual pelea en el jardín, me abrí paso hasta la casa refunfuñando y cargando una caja enorme, de pronto estaba en la grama viendo hacia el cielo, escuchando ligeras disculpas, una mano se extendió para ayudarme a parar, -Luna?- me dijo una voz masculina, yo le agarre la mano desconfiadamente, tratando de procesar el porqué un extraño conocía mi nombre en una ciudad tan lejana a mi antiguo hogar. Si que era guapo –pensé- alto, blanco, de ojos color verde esmeralda, con el cabello negro, desordenado y enmarañado, no me reconoces?-dijo mientras me ayudaba a recoger las cosas que quedaron regadas por la grama, con la cara sonrojada negué con la cabeza, pudiendo jurar que en la vida lo había visto, llevando la caja hacia el alfeizar me dijo: -soy Zachary estudiamos juntos en la primaria -tenia la mente en blanco- no, no te recuerdo, vi como su rostro lleno de alegría se ensombreció; bueno!, dijo al fin ya tendrás tiempo para recordar, soy tu nuevo vecino, entregándome la caja le agradecí por la ayuda y lo seguí con la mirada hasta que entro a la casa vecina.
Azote la puerta de la casa y seguida a esta la de mi nuevo cuarto, era blanca con un pequeño balcón, me tumbe en el colchón –todavía no había armado la cama- y empecé a desempacar, encontré alguna ropa y juguetes viejos que enviaría a donación, algunos libros de años pasados y en el fondo de la caja un viejo diario con la pasta rosa y un lazo para ‘’proteger’’ su contenido, lo deshice picada por la curiosidad y empecé a leer:
Querido diario: -tenía que ser una pequeña para escribir eso-
Me gusta un niño…
Luego de varias entradas, encontré una página repleta de corazones y el nombre de Zach y Luna escrito en cada corazón. Sentí como mi cara se enrojecía y un subidon de adrenalina me hizo bajar a ‘’tomar aire fresco’’, realmente será el? –pensé-; Busque a Zach desesperadamente con la mirada pero no estaba entonces me quede sentada en la parte trasera de la casa mientras recordaba nuestro primer beso inocente bajo aquel árbol otoñal, ¿como no lo recordaba?, no había cambiado y al parecer yo tampoco, mis rulos rojizos seguían intactos, mis ojos café claro y la innumerable cantidad de pecas en mi rostro. El destino nos quería juntos, eso era seguro.
Subí hasta mi cuarto decepcionada, oyendo los gritos de mi madre a lo lejos -no me importo-; Me acomode en el pequeño balcón mirando al cielo, deseando volver a verlo, no había notado ese par de ojos verde esmeralda analizándome desde el otro lado del balcón, Zach –grite emocionada, el sonrió y yo me perdí en esos ojos y esa sonrisa, era tan perfecto o al menos lo era para mi. Hablamos toda la noche hasta que ambos caímos rendidos, fue extraño como nos conectamos de inmediato, nunca había pasado con ninguna persona, era completamente anormal en mi.
Empezamos a vernos cada vez más, haciéndonos más cercanos: en el instituto, de camino a casa y el almuerzo, se convirtió en mi única compañía y las charlas nocturnas una rutina. De camino a casa me arrincono contra un árbol y dijo: Luna, mi Luna, llevas tres semanas aquí y siento que te conozco de toda la vida –se acercaba- eres lo que me faltaba, sentía su aliento rozándome hasta que sus labios encontraron los míos, sentí una llamarada de fuego recorriendo mi cuerpo, mis manos se extendieron instintivamente hacia su cabello, fue placentero, cálido y mágico, sus ojos me miraron penetrantes y de pronto se desplomo, un grito desaforado broto de mi garganta, con las manos temblorosas saque el celular y llame a emergencias…

-Deberías creerme Luna, es verdad, mañana empiezan las terapias, dijo con tono fúnebre
-Es mentira Zach, tu, tu no tienes esa enfermedad es imposible, no tu, no tu-repetía mientras las lagrimas recorrían mis mejillas y el delicadamente las secaba con su dedo.
-Mi Luna no llores por favor, no lo hagas.


Desperté empapada en sudor, estaba en mi cuarto, sentí como me temblaban las piernas al pararme, las 8:30 no puede ser!, Zach ya debe estar en el hospital, agarre el carro de mi madre y salí –agradecí que no había guardias de transito- cuando llegue atravesé el hospital en pocos segundos mientras varias enfermeras me seguían, lo encontré, estaba recostado en una silla, entre dormido y muerto, con una maquina conectada a su ser, sentí como algo dentro de mi se quebraba viendo su expresión de tristeza y dolor, abrió los ojos y sonrió al verme, le devolví la sonrisa, mientras la enfermera me hacia preguntas de rutina, no le hice caso, me senté al lado de Zach y agarre su mano.
-Gracias por venir, murmuro
-No me lo agradezcas, sonreí, tratando de ignorar el nudo que se hacia en mi garganta
Se durmió, afirmo la enfermera mientras yo pensaba que lo habían cambiado, estaba pálido con los labios ajados, el cabello y los ojos sin brillo. Maldita leucemia, no me lo vas a quitar –gritaba en mi interior-.
Los días siguientes la rutina ya había cambiado, no era el instituto, el almuerzo y el regreso a casa, era el hospital, las enfermeras y la quimio, el Zach que había conocido se iba esfumando.
Pasaron las semanas y el mejoro, mejoro tanto que fuimos a pasear a una ciudad cercana, aprovechamos cada momento, ambos sabíamos que tal vez podía ser el ultimo, a los ojos de la gente deberíamos parecer una pareja normal, eso me gustaba, nadie mas que nosotros sabia nuestra situación, nadie más entendía.
. . .
Veía como las hojas anaranjadas de los arboles caían y yo seguía esperando que Zach se posara al otro lado del balcón, pero no pasaría. Este otoño había arrebatado lo que yo mas quería, no importo lo mucho que rogué para que no se escapara de mis manos de todas formas, aquel día, segundos antes de que la maquina anunciara el amargo sonido de la muerte abrió los ojos y me dijo:
–Lu, escúchame bien, si alguna vez pasa algo malo conmigo, por favor se fuerte, te voy a cuidar desde donde quiera que me encuentre.

(...)

Por Angie Garcia Lopez

3 comentarios:

  1. una historia MUUUY bella, encerio te deseo mucha suerte, y felicidades, me gusto mucho:)

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  2. No es justo, que tristeza :'(

    No sé si desearte suerte, Angie, no te la mereces por hacerme llorar en horas de trabajo, jeje.

    Besos!!

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  3. Me has echo llorar... buff

    ResponderEliminar

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