sábado

Relato # 3

Recuerda.

Carla abrazó los libros contra su pecho y se apoyó en la pared. Se dispuso a esperar. Eso formaba parte de su rutina y muchos habían llegado a considerarla como parte del ambiente matutino, inconscientemente. Si no la veían allí, muchos murmuraban “que raro, siento que falta algo”, pero no lo decían con malicia. A Carla le gustaba pasar desapercibida y lo lograba a la perfección.
Lamentablemente, ser un cero a la izquierda no la ayudaría jamás a llamar la atención de Santiago. Y Santiago era el primer pensamiento que tenía por las mañanas y casi el último por las noches, porque después de pensar en él siempre terminaba viniendo a su mente algún detalle del pasado…
Cada mañana al llegar al colegio, se ubicaba en el último descanso de la escalera de entrada, y desde allí podía verlo llegar charlando con su amigo Juan. Podía suspirar viendo como el viento le despeinaba el cabello rubio, y adivinar qué tonalidad de verde tendrían ese día sus ojos. Si las rodillas le flaqueaban o se quedaba sin aliento cuando él la miraba o le hacía un gesto distraído de saludo, nadie podía culparla. Su mente se convertía en gelatina de vez en cuando, y se quedaba sin poder articular palabra del puro torrente de emociones que la invadían. Ella nunca le hablaba. ¿Qué iba a decirle? “¿Hola, Santiago, espero que ya me recuerdes de 1920?” Él la miraría muy extraño, confirmaría lo que decían muchos: que estaba loca o que era medio tonta. Y ella seguiría esperando el día en que los recuerdos de Santiago volvieran a él… o lo que fuera… y que al fin supiera lo mismo que ella sabía desde pequeña: que muchas vidas pasadas antes se habían encontrado y se habían querido, y que habían tenido lo que pocos imaginan a lo largo de su vida: un amor verdadero y colmado de felicidad.
Carla recordaba todas sus vidas anteriores. Pero, si creen que eso puede tener algo de maravilloso, será mejor que se lo pregunten a ella. Hasta el momento, solo había llegado a dos conclusiones: 1) conocer el pasado mediante sus propias vivencias era muy extraño aunque un poco cool, y 2) conocer el pasado mediante sus propias vivencias era sencillamente espeluznante. Cincuenta y cincuenta, para quien quiera hacer números.
Intenten ponerse en su lugar: es difícil para una niña de cuatro años comprender de repente que recordaba a muchos niños desde mucho antes. Niños que habían nacido, jugado con ella, enfermado, ido a la guerra, padecido miseria, asistido a bailes de la realeza, nadado desnudos en un río, cantado alabanzas en la iglesia… y muerto durante esos momentos, o mucho tiempo después. Cuando era pequeña solía hablar sobre sus recuerdos. Cuando hablaba de los vestidos que le gustaría usar de mayor, con vuelos, encajes y “escotes atrevidos” – como su madre siempre recordaría que expresó a los cinco años, mientras buscaban un vestido rosa para la boda de su prima –, lo atribuían a que miraba mucha televisión. Cuando despertaba llorando y llamando a sus padres a gritos en medio de la noche porque el huracán se llevaría su casa, le dijeron que tenía mucha imaginación. Pero cuando comenzó a hablar de que se casaría a los doce años para poder tener hijos antes de ser demasiado anciana como para comenzar una familia que sobreviviera muchos inviernos, sus padres comenzaron a asustarse y a llevarla a ver varios psicólogos.
Y los recuerdos de miles de años a través de la historia, de cientos de Carlas siendo niñas, adolescentes, ancianas, seguían llegando. Los rostros del presente adquirían nombres, títulos, rangos de otros tiempos, y la miraban raro cuando se acercaba y les decía “Comandante Saravia”, al hombre de la verdulería, “madame Sisí” a la maestra de tercer grado, “lady Rossana” a la tía de su madre…
Con el tiempo, cuando los medicamentos que le recetaban los médicos solo le aclaraban más los recuerdos, y las miradas recelosas aumentaban, Carla descubrió que la suya, de algún modo, era una condición extraordinaria. Y lo extraordinario, hasta el día de hoy, debe mantenerse en secreto.
¿Comprenden por qué no tiene mucha ventaja amar a un chico que sabes que ha sido tu esposo, tu amante, tu amor desde siempre, sin podérselo decir?
Así que se limitaba a esperar, y contemplaba cada día a Santiago, esperando que de repente éste girara la cabeza en su dirección y la reconociera… o recordara su nombre. Pero eso seguía sin ocurrir, y ambos se limitaban a un breve cruce cada vez, una mirada silenciosa de Carla, un gesto vago de Santiago…
Esa mañana también lo esperaba. Llevaba en posición al menos diez minutos y la mayoría de los chicos ya habían comenzado a dirigirse a sus salones. Le parecía muy extraño que Santiago no hubiera llegado ya, pero casi se le detiene el corazón cuando escucha a su compinche Juan subiendo la escalera junto a otros chicos y hablando a viva voz de un partido de fútbol.
Se debatió, inútilmente, entre ir tras él para preguntarle por Santiago. Pero no lo hizo, por supuesto, y se quedó en la escalera, abrazando sus libros con gesto desconcertado.
Cuando sonó el timbre volvió a dudar, esta vez porque sabía que no podría concentrarse en clase sin saber si le había ocurrido algo a Santiago para faltar. A su mente acudió el recuerdo de cuando se llamó Kiara y su querido Santos fue encontrado muerto en un callejón cuando se dirigía del trabajo a verla a su casa, dos novios muy jóvenes que comenzaban a tratarse de “tú”. El corazón se le paralizó de miedo, sin que pudiera evitarlo. El dolor de la mujer que fue amenazaba con partirle el corazón una vez más…
Se concentró en cerrar los ojos y respirar. Tomaba aire y pensaba que estaba en el siglo XXI. Expulsaba el aire y se decía que se llamaba Carla Gómez. Volvía a inhalar y se concentraba en la balaustrada contra la que se apoyaba ahora; exhalaba y…
─Eh, disculpa…
La voz sonó a su lado, y Carla dio un salto. Los libros volaron por el aire, y uno calló dos pisos, deshojándose. No es que se diera cuenta entonces… entonces que Santiago estaba frente a ella, mirándola con el ceño fruncido, quizás preguntándose qué hacía hablándole a esa chica tan extraña.
Carla obligó a su mente a detenerse y centrarse en el momento. Pero aún buscaba la voz suficiente para modular un elegante “¿Sí?” cuando Santiago volvió a hablar.
─ ¿Estás… mmm… bien? ─preguntó, con el ceño fruncido aún.
─ Yo..., eh… sí ─ tartamudeó Carla.
Santiago la miró como si buscara comprobar que esto fuera cierto y se pasó la mano por el cabello distraídamente. Carla se estremeció. Santiago suspiró y continuó hablando.
─Te llamas Carla, ¿no?
─Sí, Carla.
Él asintió.
─Te sientas junto a la ventana y a veces el reflejo del sol en tus gafas me molesta la vista.
“Exceleeeeenteeee”, pensó Carla, y tragó el nudo de horror que se le formó en la garganta antes de excalamar:
─Oh, yo… lo siento. No me imaginaba que podía estar pasando eso, yo…
─¡Espera! ─la interrumpió. Cerró los ojos y suspiró… un suspiro bastante largo─. Mira, no sé por qué dije eso, te aseguro que no era mi intención, yo… Verás…
Guardó silencio, mordiéndose el labio, como si no encontrara palabras adecuadas para decir algo más. Carla lo miró en silencio, demasiado sorprendida por la inseguridad que percibía en él como para pensar si quiera en mover un dedo.
Después de unos cuantos segundos, él volvió a mirarla y dijo lentamente:
─Esto va a sonarte raro, quizás creas que no estoy muy bien de la cabeza y te juro que ésta mañana te daría toda la razón en dudar, pero es que todo esto es tan extraño, que por más que pienso y pienso no logro entender, al contrario, yo… ─Santiago guardó silencio al sentir la mano de Carla sobre su muñeca. La miró a sus ojos y vio la gran serenidad que se reflejaba en ellos. Sintió que su respiración volvía a ralentizarse, y que sus pensamientos se encausaban.
─Escucha ─dijo Carla, mientras tanto─, ¿por qué mejor no intentas respirar lentamente? Si logras concentrarte, puede serte de ayuda.
Santiago apenas la escuchó. Había encontrado las palabras para decir:
─Anoche soñé contigo ─Carla abrió mucho los ojos, sorprendida, pero él no la dejó hablar─. Soñaba que iba a verte a tu casa. Me estabas esperando, porque siempre nos veíamos a las 18. Yo llevaba flores y unas galletas de azúcar que esperaba que te gustaran. La calle por la que caminaba estaba muy concurrida, pero yo no veía a nadie, tan concentrado estaba en mis pensamientos. De repente, sentí que alguien se acercaba a mis espaldas y susurraba a mi oído “si habla, lo mato”. El tipo llevaba una navaja como no he visto nunca y yo creí sus palabras. Me sacó del camino, y nos encontramos en un callejón que olía de modo horrible. El tipo me pidió mi dinero, y todo lo pudiera darle. Yo no tenía mucho, apenas lo que había sobrado de la florería, pero el tipo no me creyó y se fue poniendo cada vez más loco. No sé si fue mi culpa o qué, uno de los dos se movió hacia el otro y todo salió mal. La navaja se hundió en mi estómago. Caí sobre el suelo mugriento mientras el tipo corría de nuevo a la calle, y yo sentía la sangre manchándome la ropa. Me quedé tirado allí por mucho tiempo y, ¿sabes en qué era lo único que podía pensar? ─Santiago tenía los ojos llorosos, por lo que no pudo ver como las lágrimas corrían libremente por el rostro de Clara. Ésta negó con la cabeza, pero tampoco él fue consciente del gesto─. En lo único que pensaba ─continuó, más calmado─, era “espero que las flores no se marchiten antes de que las vea”.
Santiago volvió a centrar la mirada en Carla. Tenía una expresión desconcertada, como si alguien acabara de golpearlo en la cabeza con algo duro. Quizás, de algún modo, eso era exactamente lo que había ocurrido.
Antes de que Carla pudiera controlar su llanto, Santiago preguntó:
─Te va a parecer que estoy loco, pero ¿me podrías ayudar a entender todo esto?
Carla sonrió apenas, pensando que al fin los locos serían dos una vez más. Se agachó y levantó de cualquier modo los libros. Después se sonó fuerte la nariz y al fin encontró la voz para decir:
─Mejor nos vamos antes de que nos vean. Tenemos mucho de qué hablar.

(...)

Por Maga de Lincourt

6 comentarios:

  1. Éste cuento es genial :-P

    Jajaja, por lo que voy leyendo, va a estar difícil tener chance de ganar.
    Igual, suerte para mí, jeje.

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  2. Maga... tu relato fue hermoso 0.0!!
    encerio(L) me encanta esto de los amores en otras vidas, y estuvo tan eermoso, me encanto "espero que las flores no se marchiten antes de que las vea"
    encerioo!! te deseo mucha suerte... tu relato me gusto mucho:)

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  3. Pos a mí me gusta mucho ^^
    Lo que pasa que me recuerda a Oscuros xD

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  4. Hola!!
    Pues a mi me gusto mucho a si que voto por Maga!! mucha suerte !!

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  5. Voto a Maga!! Me encantó tu relato!!!

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  6. MAga !!!
    me encanto voto por ella!!

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