sábado

Una carta...

He pensado mucho el cómo debería de ser la primera entrada que publicara en ésta especie de regreso, lo pensé una y otra vez. HEB siempre se ha considerado un blog literario, de reseñas y comentarios respecto a cosas de interés. Aún así, ha sido también un rincón en donde he ido creciendo con los escritos; quienes han estado desde el principio recordaran mis esporádico escritos. Lo cierto es que no soy muy buena y estoy aprendiendo, pero escribí ésto y pensé que era lo mejor para regresar
Ahí se los dejo, 

Carta a un mejor amigo perdido. 

Hay muchas cosas que ella desea decirle, momentos vagos en donde se ha quedado con la mano en el teléfono, pensando en si alguien contestara del otro lado. Si sus oídos retumbarán de nuevo con su voz, si se deleitara nuevamente con sus chistes sin gracias, con su risa extraña. Pero sabe; lo sabe ahora; no habrá nada al otro lado de la línea, nada más que el pitido seseante de un teléfono que nunca volverá a ser contestado.
Y no sabe si la idea le duele o la enoja, porque aún no desenreda la nube de sentimientos que él dejo tras su partida, el polvo levantándose mientras iniciaba su carrera y a ella la dejaba en la zona de partida. Ella no lo descubre, aún no sabe cómo debe sentirse sin él a su lado, sin su mano delgada y algo huesuda por el paso de las agujas. Sin su sonrisa coqueta que a las chicas encantaba pero solo era de ella.

“Desde que te marchaste… hay tanto que quiero contarte.
Estoy bien, soy feliz. Mi vida no puede ser mejor.
Y aún así… no estás aquí.”

La culpa la tumba, la empuja al suelo mientras destapa la roída caja de cartón que en épocas de glorias albergaba zapatos y ahora es el triste cajón de cartas y notas plegadas con años de recuerdos encima que han comenzado a desvanecerse. Las saca una a una, tratando de leerlas con las emociones a raya, pero apenas y lo consigue, las lágrimas resbalan mientras el punzante dolor en su cabeza aumenta.
Y es justo en ese momento, mientras yace sentada en el frío suelo de su habitación, con las manos temblorosas y la cabeza a punto de estallarle, que lo quiere a su lado de nuevo; como antes, cuando eran solo dos niños traviesos que gustaban de desafiar las normas, de sentarse juntos, lo más juntos posible, al lado de la ventana, a ver la gente pasar y preguntarse por sus vidas vacías y rutinarias.
Lo quería a ahí. Con ella. Pero sabía, nunca podría volver a esos momentos; en donde eran los dos, solo los dos, porque ahora él no estaba. No lo estará jamás.

“Ahora hay alguien. Hay alguien aquí, en mi corazón.
Lo amo, como nunca amé a nadie. Y él me ama.
Me hubiese gustado tanto que lo conocieras.”

Cierra los ojos, lo evoca en sus recuerdos, lo pocos que guarda de años juntos, de momentos perdidos en infancias extrañas y vacías. Lo evoca en su mente, el sonido de su voz, el calor de sus abrazos. Incluso visualiza esa mirada, aquellos ojos penetrantes que la ponían nerviosa. Lo ve ahí, lo siente ahí; con ella. Y quiere abrazarlo, tirarse a sus brazos y llenarlo de besos en sus mejillas. Quiere oír su risa, oír su típico ‘princesa’.
Pero no escucha nada, solo el silencio de su habitación y su respiración agitada. Su corazón acelerado y la cabeza que le retumba con demasiada fuerza, se marea, se retuerce; el dolor cada vez más insoportable. Pero no abre sus labios, no se queja; deja que el dolor la asalte, de un golpe seco se deja caer. Porque lo merece, porque ella lo dejo caer con mucha más fuerza aún.

“A veces te veo en la calle, en los cuerpos y rostros de otras personas.
A veces estás ahí, a la vuelta de una página.
A veces no estás, te desapareces.
 Y sigo sin saber que prefiero más.”

El dolor no descansa, la asfixia un poco mientras se reacomoda en su sitio y continúa con su tarea, lee y lee, una carta, dos. Frases sueltas, letras ilegibles y fechas perdidas sin calendario ni atadura a su vida. ¿Quién es él? Un recuerdo más, una emoción que desaparece gradualmente de su pecho mientras ella camina, arranca su propia carrera. ¿Qué es él? Solo una parte de ella, un brazo, una pierna. Un parte que no puede ni quiere perder.
Y ella lo piensa esa noche, perdida en cartas viejas y roídas, en fotografía de años pasados y demasiado distantes para siquiera recordarlos con vaguedad. Ella piensa en él, murmura su nombre como lo hacía en antaño; con cariño absoluto; dibuja su rostro borroso en su mente; con los detalles que lo hacía tan él a sus ojos.
Lo piensa y esa noche, luego de muchas, se da cuenta de que lo extraña más que a nada. Que cada día de su vida, cada noche entre fotografías viejas y recuerdos algo rotos, ella lo extrañara.

“Hoy sigo con mi vida, dejo atrás las lágrimas y la culpa.
Te dejo un tanto atrás pero no te suelto.
Tengo una vida que vivir. Por ti y por mí”

(...)

Espero les haya gustado, o siquiera, entretenido. No es algo muy largo ni muy conciso; pero me gustaría conocer sus opiniones. Pronto entraré ya con todo a renovar el blog y demás. Un poco de paciencia.
Y por supuesto, les doy las gracias por estar aquí, por seguir aquí conmigo y con lo que es HEB. 
Gracias.

Lu

2 comentarios:

  1. Creo que ha sido una forma buena de sacar lo que llevas dentro, y seguir adelante. Me he sentido atrapada en ese dolor y tristeza....

    Éxito con el regreso.

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado mucho tu escrito, lo leí en la madrugada y ahora lo vuelvo a leer, no puedo evitar que mis ojos se agüen al leer, se nota tu dolor.

    Te mando un abrazo electrónico, sabes que siempre estaremos aquí para ayudarte a seguir adelante, así no puedas vernos en realidad, puedes leernos y nosotros a ti. No estas sola, Lu, nos tienes a nosotros.

    ¡Besotes!

    ResponderEliminar

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